13 julio 2015

El cambio de humor en las embarazadas

Toda mujer embarazada siente temores e inseguridad desde el comienzo de su gestación, por muy deseado que sea el niño. Los psicólogos hablan de la necesidad que la mujer tiene de adaptarse a una nueva situación en su vida de la que desconoce casi todo. Nuria Vendrell, vicedecana del Colegio de Psicólogos de Barcelona, forma parte de un grupo de atención y asesoramiento en el embarazo que, desde hace cinco años, trabaja en una clínica barcelonesa para conseguir partos más humanos. 

La experiencia de este grupo de profesionales ha demostrado que la atención psicológica en el embarazo y tras el parto afecta beneficiosamente al desarrollo de la gestación y dá a la mujer la confianza en sí misma, necesaria para alejar la ansiedad inicial. Nuria Vendrell subraya que «la angustia en el embarazo no puede diagnosticarse, al menos si no presenta claros síntomas de riesgo».

En el parto de María José Gil, el médico utilizó sedantes y fórceps. Todo lo que ella recuerda es dolor y confusión. «Fue horrible. Me sentí como si no fuera humana, totalmente torturada e invadida en mi intimidad». 

«La "atención" que me prestaron fue brutal, mental y físicamente. Nadie pareció darse cuenta de que yo estaba en la camilla, llorando por la manera en que estaba siendo tratada». Cuando regresó a casa, sintió indiferencia hacia el bebé. Su relación con el padre del niño también cambió. Se resistía a acercarse a él. Las vías de preparación al parto existentes en España son escasas. La sanidad pública alega falta de recursos para explicar estas carencias. «Hay una total falta de predisposición y sensibilidad hacia estos temas. 

El embarazo es la típica situación en que la mujer depende de un médico para que la asesore y la atienda». Gerardo Lagüens, ginecólogo, reconoce que «sólo en los últimos tiempos el gremio médico ha comenzado a prestar atención a las angustias psicológicas con que algunas pacientes llegan a la consulta que, en definitiva, es lo único que puede presentar problemas en un embarazo normal». «El médico que permite a su paciente expresar sus sentimientos y la tranquiliza, lleva a cabo una tarea aparentemente simple, pero puede prevenir situaciones graves, incluso los intentos de suicidio», subraya Lagüens. 

Eliminar falsas concepciones y proporcionar la información necesaria sobre los cambios fisiológicos y los riesgos objetivos que conlleva el embarazo, son tareas que facilitan a la mujer y a su pareja el futuro alumbramiento y las tareas de crianza del niño.

A la mujer embarazada se le presentan con frecuencia dudas sobre las actividades más cotidianas: la alimentación, el vestido, su conducta sexual o el deporte que puede practicar. En muchas ocasiones, se encuentra aislada y desconoce que sus temores son iguales a los de otras mujeres. Algunas mujeres sólo recuerdan los aspectos negativos del parto. 

Aunque se sienten avergonzadas de sus propios sentimientos, éstos son más fuertes que ellas. De esta forma, pierden la autoestima. María Luz Rubí, psicoterapeuta, aclara que la labor del psicólogo no tiene que ser necesariamente terapeútica, sino de apoyo. «No se trata de cambiar actitudes negativas, sino de proporcionar información a la pareja para que la mujer tenga más confianza en sí misma». Durante el periodo de gestación, la mujer busca respuesta a una sensación de dependencia del médico y del entorno familiar. Otra figura descrita por la psicología es el miedo al parto. 

El alumbramiento se ve como algo traumático, tanto por el riesgo de muerte para la madre o el hijo, como por las dudas sobre si será capaz de superar el momento de dar a luz. La inseguridad respecto a la función de madre, las atenciones al recién nacido y la futura educación del hijo son otras dudas que suelen angustiar a las mujeres embarazadas.

En el segundo trimestre, el embarazo se consolida y la futura madre se encuentra más tranquila, pero el conflicto entre llevar un hijo dentro y el temor de hacerlo realidad vuelve a aparecer en los últimos tres meses de embarazo. A medida que se acerca el término, la mujer se siente más impaciente. Incluso las mujeres que han tenido un embarazo sin problemas se vuelven ansiosas e irritables. Estos cambios de humor aparecen también en los seis días posteriores al parto y pueden aliviarse con el apoyo del entorno familiar y una debida información médica y psicológica. El embarazo y el parto son pocas veces experiencias fáciles o libres de dolor. 

Muchas veces la atención hospitalaria tecnificada influye negativamente en el desarrollo de los acontecimientos. La utilización indiscriminada de técnicas no estrictamente necesarias en todos los casos hace que el médico se convierta en el protagonista del acontecimiento. El mensaje de las madres a los médicos y a las comadronas es claro: la moderna tecnología hospitalaria sólo debe ser utilizada cuando sea necesaria. 

«El médico español en general, procura que el parto vaya lo más rápidamente posible y no deja que la mujer actúe en uno de los acontecimientos más decisivos tanto físico como psíquico de su vida», destaca Nuria Vendrell. Los psiquiatras hablan de «psicosis puerperales» para referirse a la enfermedad atípica pero grave, que ocasiona el parto. Sin embargo, el embarazo no es el factor que crea el conflicto, sino que agrava los problemas de una personalidad que ya tiene síntomas de trastorno psicológico. La depresión de una mujer propensa a ella puede multiplicarse o hacerse patente en el embarazo y después del parto.

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