14 abril 2015

Historias de la caja tonta

Aunque el señor Solana nos de el latazo televisivo con su par de moscas, una se acerca a la cosa tonta para enchufar fantasía en el cine y algo de realidad, ver telediarios, documentales y reportajes interesantes, como es el caso de Shoah. 

Para obtener «sensaciones fuertes» no hace falta vestirse de Ninja e ir violando a las mujeres; yo recomiendo esta serie de Claude Lanzmann de nueve horas, rodada en 1985, que está emitiendo TVE de madrugada. El documento sobre el exterminio judio es exhaustivo, lento, doloroso, simplemente horrible. 

Ahora que comprobamos los sucesivos errores del estado sionista, qué oportuno ahondar en el horror que padecieron estos seres no hace mucho, bajo una Alemania fuerte y desquiciada, como la que ahora pretenden algunos sectores. Con rapidez y sin afectación los traían de todas partes en vagones sedientos y acinados hasta Treblinka, Auschwitz y otras zonas polacas para someterlos a un proceso de producción de muerte en masa, - de auténtica desinfección del alma. Si no iban a las cámaras de gas a que les hicieran un «nice haircut», con secador incluido, les metían una «píldora» entre el pecho y la nuca. 

Son sobrecogedores los relatos de los testigos supervivientes; por ejemplo, el del barbero que, junto a otros quince, cortaban los cabellos de una horda de mujeres desnudas y aterrorizadas en el «último cuarto», antes de la ducha. Se suponía que allí nadie sabía nada, menos el mando y estos grupos de trabajo. En esto que el barbero de al lado ve entrar en la cámara a su mujer y a su hermana, y ... Y qué, le preguntan. 

Y nada, el barbero se calla, empieza a llorar y dice que es demasiado terrible, solloza y se muerde los labios, mientras la cámara hurga en la llaga y graba cómo se descompone su rostro. Total, que como no pudo contar lo sucedido, esa noche no conseguimos dormimos.

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