21 mayo 2016

No debemos de olvidar a nuestros antepasados

Como decíamos ayer mi antepasado más antiguo del que tengo noticia, Joaquín, era médico y pudo estudiar la carrera gracias al mecenazgo de una buena persona. 

Fue un galeno ilustrado y con vocación pedagógica, que organizaba en su casa sesiones de lectura a las que acudían los labradores del pueblo al término de su dura jornada para escuchar fragmentos de El Quijote, La Iliada, La Odisea u otros clásicos. 

Una de sus hijas se casó con Vicente, llamado El Faba por alusión a sus atributos sexuales, pues cosechaba gran éxito entre las damas para disgusto de su esposa, que era muy celosa a veces con motivos justificados. Además de mujeriego el tío Faba, uno de mis tatarabuelos, era un hombre ambicioso y a finales del XIX se trasladó con toda la familia a Barcelona para montar un negocio de vinos. 

Su aventura comercial fue un desastre, pero tuvo un aspecto positivo, pues dos de sus hijas, Adela y Carmen, contrajeron sendos matrimonios con dos jóvenes de la burguesía catalana que hicieron grandes fortunas como agente de bolsa uno y como importador de especies el otro. 

Tales matrimonios crearon una división entre la rama urbana y la rural de la familia, los potentados y los de condición más modesta, pero en ningún momento eso supuso una separación. Por el contrario, las dos hermanas ricas, sobre todo Adela, ejercieron de benefactoras y hadas madrinas de sus sobrinos, visitaban con frecuencia el pueblo y enviaban remesas de regalos.

La tercera hija del tío Faba, mi bisabuela María, se casó con un paisano, también Vicente, motejado El Cotela, pues era así como llamaba con su media lengua de niño a su yegua preferida, Coronela. Fue El Cotela un hombre muy de su tiempo entre dos siglos, amante de los caballos, los perros, la caza y los toros, con una vitalidad por encima de la media y un espíritu generoso.Sobre él se cuentan infinidad de anécdotas que con el tiempo se han impregnado de un aura de leyenda. La pareja tuvo seis hijos de personalidad muy acentuada, algunos de ellos marcados por la tragedia. 

Al mayor, una promesa de la literatura, lo mató una bomba durante la Semana Trágica de Barcelona y otro hermano muy inteligente murió de tifus a temprana edad. Mi abuelo Vicente prefirió el aula de la calle al de las academias y entró de niño como aprendiz en una tienda de tejidos, aunque luego se dedicó a la enología y comercio de vinos, tradición familiar.María fue maestra y pionera de la hostelería en Mallorca, guardiana de la memoria familiar gracias a su libro autobiográfico.

No es fácil resumir tres generaciones y casi dos siglos en treinta líneas. Lo he hecho como un pequeño homenaje a mis antepasados y sobre todo como una invitación o propuesta para quien lea esto.Descubre a tus tatarabuelos. Conocer las raíces da solidez al árbol y ayuda a comprender el diseño del ramaje.

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